jueves, 19 de mayo de 2011

Historia de Vida de Paula

La historia de Paula es un relato autobiográfico de su experiencia desde su último curso de instituto en el año 2005 hasta su comienzo en la universidad en el año 2010.
En ese periodo de tiempo Paula vivió una serie de acontecimientos que hoy en día también son parte de la vida de muchos estudiantes, nos referimos a las dificultades que se presentan en muchos adolescentes a la hora de tomar decisiones con respecto a sus estudios.
El objetivo principal de este relato autobiográfico es reflejar las experiencias reales y en primera persona de una chica que se enfrenta a la toma de decisiones en su paso de estudiante adolescente a estudios superiores que la harán madurar tanto a nivel personal como educativo, cultural y profesional.
Este relato se centra principalmente en su paso por el Grado Superior de Técnico en Integración Social, que realmente han sido los estudios que han determinado su vocación tanto personal como profesional, pues gracias a la realización de dichos estudios, Paula se dio cuenta verdaderamente de cuáles eran sus aptitudes para seguir estudiando y seguir formándose tanto a nivel personal como a nivel académico. Se podría decir en pocas palabras que la Integración y la Educación Social son primordiales y determinantes en su vida actual.

Paula nació en 1989 y es la segunda de dos hermanos de una familia de clase media. Su padre es conductor de coches fúnebres y lleva siete años en un tanatorio de la provincia de Sevilla. Su madre debido a una enfermedad, actualmente se encuentra de baja en su trabajo, empresa vinculada al ayuntamiento que se dedica a la asistencia a domicilio para personas de la tercera edad, en la que lleva también siete años trabajando con un contrato fijo. La familia vive en un piso de su propiedad situado en la barriada de Pino Montano en Sevilla. Su hermano tiene 26 años y tiene los estudios mínimos requeridos, la ESO, y un grado medio de hostelería, actualmente se encuentra en situación de desempleo. La familia de Paula se encuentra integrada totalmente tanto en su comunidad como en la sociedad.

La historia de Paula es un ejemplo más de los cambios que se sufren en el paso de la adolescencia a la etapa adulta y, de las decisiones y consecuencias que ello conlleva, en el caso de Paula sus decisiones la han llevado positivamente a la situación en la que se encuentra actualmente.

“Me gustaría que muchos adolescentes que se encuentran en la situación en la que yo me encontraba hace ya varios años, lean mi autobiografía para que en cierto modo aquellos que se sientan identificados, encuentren consuelo y no piensen que son un caso aislado ya que esa es una situación por la que pasa la mayoría de los estudiantes. Después de haber estudiado los cuatro años obligatorios de la ESO decidí que no quería continuar con mis estudios y que lo mejor sería ponerme a trabajar, pero mi madre me dijo que no fuera tonta que hiciera el bachillerato y que aunque tuviese entendido que era difícil, que yo no me preocupara, que por lo menos lo intentara y que probase haber como salía la cosa.
Entonces después de que mis padres me aconsejaran y me ayudaran a cambiar de alguna manera mis pensamientos, decidí hacer el bachillerato; entré muy asustada porque elegí el bachillerato de humanidades y ya que de por sí a mi no se me daba bien el inglés, encima en este curso tenía latín y griego, esto fue lo que a mas me echaba para atrás.
Mis amigas de la ESO se pusieron todas a trabajar, por lo que entre sola a hacer el bachillerato; el primer año me salió muy bien y además volví a hacer nuevas amistades, en el segundo curso fue más complicado porque me quedó latín e historia del arte, con lo que tuve que repetir el curso con estas dos asignaturas. Durante el año de repetición, como solo tenía que asistir a esas dos asignaturas, tenía más tiempo libre y lo aproveché para sacarme el carné de conducir. Aprobé esas dos asignaturas y decidí hacer un grado superior de formación profesional por que por un lado en ese momento yo no quería hacer ninguna carrera, y por otro lado al haber estado un año dando solamente dos asignaturas, suponía que tenía que prepararme sola todas las asignaturas para selectividad y, yo me veía incapaz de hacerlo.
Otra decisión importante que tuve que tomar fue elegir que ciclo formativo quería hacer, me informé por internet,  fui a un instituto a recoger un folleto sobre los diferentes ciclos que había y además por si fuera poco, tenía un documento que me dieron al finalizar el bachillerato donde e venían todos los ciclos existentes, habidos y por haber, los centros en los que se impartían, los horarios que tenían y que consistían cada uno de ellos; pero aún así no sabía que ciclo quería elegir. No me gustaba ninguno y además tenía claro que no quería hacer ni secretaría ni nada relacionado con administrativo, ni con enfermería.
Escuché hablar del ciclo superior de Integración Social y me enteré de que el Isbilya, un instituto que está en Santa Justa, impartía este ciclo, así que fui y nuevamente pedí información del ciclo; me contaron que era un trabajo muy bonito, que se trabajaba con personas que necesitaban ayuda realmente, que se encontraban en situación de desigualdad social y que existían colectivos como… personas de la tercera edad, inmigrantes, discapacitados físicos y mentales, drogodependientes, menores y minorías étnicas; que por cierto, los tres últimos mencionados son los que más me gustan.
Después de haberme enterado en lo que consistía el ciclo, se lo comente a mis padres y estos al verme tan entusiasmada, me animaron para que lo hiciera. Desde que me decidí a hacerlo hasta que realmente entré, me llevé todo ese tiempo especulando sobre cómo sería, si me iba a gustar o no, como iban a ser mis compañeros y mis profesores y, si verdaderamente me iba a servir para mi futuro profesional, ya que era una modalidad reciente y muy poca conocida. Eché la matrícula y solo puso ese ciclo, sin poner ningún otro alternativo, por lo tanto si no me cogían me quedaba fuera del instituto y sin posibilidad de entrar en ningún otro, puesto que el plazo de inscripción ya había pasado.
Llegó el momento de ir a ver la primera lista de admitidos y yo no estaba en ella, entonces pensé que iba a estar un año entero sin hacer nada; pero en la segunda lista de admisión ya estaba mi nombre, gracias a otras personas que por el motivo que sea decidieron no hacer el ciclo.
Cuando llegué el primer día a la presentación me dio un montón de vergüenza porque había compañeras de mi edad, pero también tenía compañeros mucho más grandes que yo, además recuerdo perfectamente que tuvimos que hacer una dinámica de presentación que consistía en presentarnos por parejas y, sin conocer a nadie tuve que ponerme a hablar con la compañera que estaba sentada al lado mía y preguntarle cosas sobre ella y viceversa, para poder presentarnos. Estaba temiendo que llegara mi turno porque nunca había hablado en público y mucho menos delante de personas que no conocía, cuando me tocó presentar a mi compañera Edurne me notaba como cada vez me iba poniendo más colorada y que la gente se estaba dando cuenta, lo que hacía que me pusiera más nerviosa, pero al final no salió tan mal. En esa primera semana no dimos mucha materia, más que nada porque lo que se hizo fue la presentación de los profesores y de las asignaturas, estas al principio me sonaban a chino y ya pensaba yo que me había equivocado al elegir el ciclo. Las asignaturas que tenía eran: Contexto y Metodología de la Intervención Social, Habilidades de Autonomía Personal y Social, Pautas Básicas y Sistemas Alternativos de Comunicación, Inserción Ocupacional, Formación y Orientación Laboral, Atención a las Unidades de Convivencia y Servicios Sociales en Andalucía.
A medida que iban pasando los días e iba conociendo en qué consistía cada asignatura, me iba gustando más y me iba asegurando que había sido la mejor elección que había hecho hasta entonces. La dinámica que yo seguía en el ciclo era muy diferente a la que tenía en el instituto ya que la forma de estudio, las asignaturas, el modo de evaluar de los profesores y los trabajos que nos mandaban no tenían nada que ver con todo lo que había hecho anteriormente.
El primer año fue entero teórico y saqué muy buenas notas, por una parte porque estudié mucho, y por otra parte porque las personas que tuvieran las notas más altas, eran las primeras en elegir el centro de prácticas. Elegí un colegio concertado de integración con niños con necesidades educativas especiales (N.E.E), que se llama Juan Nepomuceno Rojas, en el que entre con dos compañeras más del ciclo. Estuve cerca de siete meses en las prácticas y mi tutora laboral era la psicóloga del colegio. Esta mujer se comportó durante todo el tiempo, muy bien conmigo y con mis compañeras. Estuve trabajando con niños desde los tres años hasta los diecisiete, algunos de los problemas que tenían estos niños eran, síndrome de Down, autismo, hiperactividad, retraso madurativo, entre otros…
Viví experiencias inolvidables, aprendí mucho más en los siete meses de práctica que en el año entero de teoría, aunque éste me sirvió mucho para saber cómo tenía que tratar a los niños en cada  momento. Utilicé técnicas para la modificación de conductas en algunos niños que tenían cierto grado de agresividad, para enseñar conceptos (dentro-fuera, arriba-abajo) hacía actividades de psicomotricidad, daba apoyo escolar, fomentaba la autonomía personal de los niños, Ej. Que comieran solos, que se lavaran las manos después de ir al servicio, que recogieran sus cosas después de terminar las tareas, etc. Yo estaba dentro de un aula donde los niños no tenían ningún tipo de discapacidad o deficiencia, salvo uno o dos, que eran con los que yo trabajaba dentro de su clase para fomentar la integración con el resto de sus compañeros; además había veces que le encargaba a los compañeros actividades con los niños que tenían la discapacidad, para que se relacionaran entre ellos.
Asistía a reuniones de padres y madres para tratar temas como: la rebeldía que muchos de sus hijos tenían, el desorden que tenían en sus vidas tanto a nivel educativo como personal y en alguna ocasión tuve que intervenir para aconsejar a los padres, porque como nos veían que nosotras éramos jóvenes, nos pedían nuestra opinión. También hice excursiones con los niños, participaba en sus actividades y cuando mi tutora laboral hacía test psicológicos, la ayudaba y, aunque ese no fuera mi campo de trabajo, ella me enseñaba muchas cosas.
Con respecto al tema de la confidencialidad, era un tema que se llevaba muy a rajatabla ya que los alumnos eran menores de edad, pero me dieron mucha confianza y me enseñaron los informes con los problemas de cada niño, las situaciones que se daban en las casas de esos niños, las enfermedades que tenían y el tratamiento que llevaban, así como la forma de trabajar que estaban desarrollando cada uno de los profesores, de forma que supiera todas las características de cada alumno con el que tenía que trabajar.
Durante estos siete meses fui realizando el proyecto con mis otras dos compañeras y sacamos muy buena nota; nuestra tutora laboral salió satisfecha con el trabajo que habíamos realizados y estaba muy contenta con nosotras.
El proyecto estaba divido en dos partes, la primera parte estaba dedicada fundamentalmente a la estructura del colegio, a la organización que tenían, número de profesores y alumnos del colegio, las instalaciones del centro, la localización, etc. Y esta primera parte la hice en común con mis dos compañeras. En la segunda parte tenía que explicar las actividades que o había llevado a cabo durante ese periodo de tiempo, esta parte la hice de manera individual, puesto que yo tenía asignado un horario concreto y unos niños concretos, que no tenían el resto de mis compañeras. Yo trabajaba con ellos de una forma diferente a la que mis compañeras trabajaban con sus alumnos.
Hoy en día sigo teniendo contacto con el colegio.
Finalmente pusimos las tres partes en común y entregamos un mismo proyecto, del cual mi tutora docente nos dijo que estaba muy bien y que no podía recogerlo hasta dentro de un año, porque les iba a servir como ejemplo para los nuevos estudiantes que se iban a matricular en Integración Social.
En Junio tuve mi graduación y me dieron mi título y mi diploma, además tuve la oportunidad de hablar con mis compañeras acerca de las prácticas que habían realizados y, casi todas estaban muy contentas.
En un primero momento yo no tenían pensamiento de seguir estudiando, al igual que me pasó cuando terminé la ESO; y de nuevo me volvió a surgir la duda de que es lo que iba a hacer con mi vida. Algunas de mis compañeras se decidieron por finalizar ahí su vida de estudiante y buscar trabajo y, otras decidieron empezar a estudiar carreras relacionadas con los estudios que ya tenían, como: Psicología Social, Trabajo Social, Magisterio de Educación Especial, etc. Y tras estar pensándomelo durante un tiempo decidía hacer Trabajo Social, pero después de preguntar en varios sitios e informarme sobre las diferentes carreras que estaban relacionadas con los estudios que yo ya tenía, de todas las que me explicaron la que más me gustó fue Educación Social, la cual desconocía su existencia.
Antes de entrar en la Universidad por un lado estaba contenta porque iba a conocer gente nueva y se que iba a vivir experiencias nuevas, además  venia con tres compañeras mas del ciclo, pero por otro lado no sabía cómo iba a funcionar la Universidad ni  cómo iban a ser mis profesores ni si iba a ser capaz de organizarme mi tiempo para poder hacerlo todo.
Me costó trabajo adaptarme a los horarios, a las practicas, me confundía con las aulas, pero terminé moldeándome a todo. Cuando empezaron las clases me costaba mucho trabajo seguir el ritmo de cada profesor porque cada uno llevaba una dinámica diferente, aunque todos tenían algo en común, “la Webct”, que por cierto también me costó mucho trabajo conseguir manejarla porque no nos explicaron en condiciones como funcionaba, creo que deberían habernos propuesto un curso para entenderlo pero al fin y al cabo todos aprendimos.
Actualmente estoy muy contenta, me gusta mucho la carrera, en el primer cuatrimestre lo he aprobado todo, me ha costado muchísimo trabajo  ya que tenía que elaborar mis propios apuntes, adaptarme al ritmo de las clases, organizarme para hacer tanto los trabajos en grupo que ocupaban demasiado tiempo como para estructurar tiempo también para el estudio individual, pero bueno ha merecido la pena. En este segundo cuatrimestre espero seguir esforzándome igual, aprobar y estar todo el verano sin preocupaciones ninguna y poder disfrutar tranquila de mis vacaciones y tener mi recompensa por haber estado todo el año esforzándome al máximo.
Al final, después de todas las dudas que he tenido a lo largo de mi trayectoria como estudiante, puedo decir que he acertado eligiendo mis estudios.

martes, 8 de febrero de 2011

Integración Social

Que decir de la Educación Social....... Concepto que desconocía hasta que hace dos años decidí hacer el Grado Superior de Integración Social como forma de adentrarme un poco en este mundo y averiguar cuanto ansiaba ayudar a las personas más desfavorecidas por su determinada situación o condición social. Una vez finalizado fue tal el grado de satisfacción y orgullo con el que lo acabé, que quise dar un paso más tanto en mi formación profesional como personal, y decidí acceder al Grado de Educación Social en la Universidad Pablo de Olavide.
Ahora estoy feliz y contenta de haber dado este paso y cada día me gusta más descubrir lo que esta profesión me depara, pues me impacienta salir a la calle y poner en práctica tanto los conocimientos que estoy adquiriendo como la ilusión y las ganas de proporcionar mi apoyo, mi ayuda, mi formación y la satisfacción de ver con mis propios ojos como personas que presentan características sociales difíciles, encuentran una segunda oportunidad gracias a un Educador/a Social como Yo!